Dra. Laly Brickler | Ginecóloga y Obstetra en Hospital CIMA
El Papanicolau es una prueba preventiva que permite analizar las células del cuello uterino para identificar alteraciones que podrían convertirse en cáncer con el paso del tiempo. También recibe los nombres de prueba de Papanicolaou, prueba de Pap, citología cervical o citología vaginal.
Durante el examen, un profesional de salud toma suavemente una pequeña muestra de células de la superficie del cuello uterino. La muestra se envía a un laboratorio, donde se estudia para comprobar si las células son normales o presentan algún cambio que requiera vigilancia, una nueva prueba o estudios complementarios.
Su valor principal no está únicamente en encontrar un cáncer ya desarrollado. El Papanicolau puede detectar cambios precancerosos antes de que produzcan síntomas, lo que permite vigilarlos o tratarlos oportunamente. Por esta razón, forma parte de las estrategias de prevención del cáncer de cuello uterino y no debería realizarse solamente cuando existe dolor, sangrado u otra molestia.
La prueba sirve principalmente para buscar cambios anormales en las células del cuello uterino. Algunas de esas alteraciones son leves y desaparecen sin tratamiento; otras necesitan seguimiento porque podrían evolucionar lentamente hacia una lesión precancerosa o un cáncer cervical.
El Papanicolau no se considera una prueba diagnóstica definitiva de cáncer. Su función es detectar señales que indiquen la necesidad de estudiar el cuello uterino con mayor detalle. Cuando aparece un resultado anormal, el profesional puede recomendar una nueva citología, una prueba del virus del papiloma humano, una colposcopía o, en determinados casos, una biopsia.
La citología también puede mostrar inflamación o ciertas alteraciones relacionadas con infecciones, pero no sustituye las pruebas específicas para infecciones de transmisión sexual. Un resultado normal tampoco significa que se hayan descartado todas las enfermedades ginecológicas posibles.
El virus del papiloma humano, conocido como VPH, es un grupo de virus muy frecuente. Algunos tipos de alto riesgo pueden permanecer durante años en el cuello uterino y producir cambios celulares. La Organización Mundial de la Salud estima que alrededor del 95 % de los casos de cáncer cervical están relacionados con una infección persistente por VPH.
El Papanicolau y la prueba del VPH no buscan exactamente lo mismo. La citología examina las células para comprobar si ya presentan alteraciones. La prueba molecular del VPH busca directamente tipos del virus asociados con un mayor riesgo de desarrollar lesiones cervicales.
Esto significa que una citología puede encontrar cambios celulares relacionados con el VPH, pero no identifica por sí sola la presencia del virus. Para saber si existe un VPH de alto riesgo se necesita una prueba específica. Ambas herramientas pueden emplearse por separado o como parte de una estrategia combinada, según la edad, los antecedentes, la normativa sanitaria y los recursos disponibles.
Tener VPH no equivale a tener cáncer. Muchas infecciones desaparecen o permanecen sin causar problemas graves. Lo que requiere mayor vigilancia es la persistencia de determinados tipos de alto riesgo y la aparición de cambios en las células. Por eso resultan tan relevantes la prueba de detección del VPH, la citología y el seguimiento médico indicado después de cada resultado.
El examen suele realizarse en un consultorio, clínica, área de salud o centro médico. La paciente se recuesta en una camilla con las rodillas flexionadas. El profesional introduce cuidadosamente en la vagina un instrumento llamado espéculo, que permite separar las paredes vaginales y observar el cuello uterino.
Después utiliza un cepillo pequeño, una espátula suave o un dispositivo similar para recoger células de la superficie del cuello uterino. La muestra se coloca en un recipiente con líquido conservante o sobre una lámina especial y se envía al laboratorio.
La toma suele durar pocos minutos. Una vez finalizada, la persona puede continuar normalmente con sus actividades cotidianas. En algunos casos aparece una pequeña mancha de sangre o una molestia leve después del procedimiento, especialmente si el cuello uterino estaba sensible.
Aunque el Papanicolau puede realizarse durante una consulta ginecológica, no todos los exámenes pélvicos incluyen automáticamente una citología. Conviene preguntar de manera directa qué pruebas se realizarán durante la cita.
La experiencia varía de una persona a otra. Lo más habitual es sentir presión, incomodidad o un cólico leve cuando se introduce y abre el espéculo. La toma de células puede sentirse como un roce breve, pero normalmente no provoca dolor intenso.
La tensión muscular puede aumentar la molestia. Respirar lentamente, relajar las piernas y comunicar cualquier incomodidad ayuda al profesional a ajustar el procedimiento. También puede solicitarse un espéculo de menor tamaño cuando sea apropiado.
Sentir vergüenza, ansiedad o temor antes de la primera citología es completamente comprensible. El profesional debe explicar cada paso, respetar la privacidad y detenerse si la paciente lo solicita. La persona puede preguntar quién realizará la prueba y manifestar cualquier experiencia previa que haga necesario un abordaje más cuidadoso.
Un dolor fuerte durante el examen no debe normalizarse. Si ocurre, es recomendable informarlo inmediatamente para revisar la posición, el instrumento utilizado o la presencia de alguna condición que esté causando sensibilidad.
Una preparación adecuada reduce la posibilidad de que sangre, medicamentos, productos vaginales o secreciones dificulten el análisis de las células. Las instrucciones exactas pueden cambiar según el centro médico, por lo que siempre deben seguirse las indicaciones recibidas al reservar la cita.
Para una citología convencional, suele recomendarse evitar durante las 48 horas anteriores las relaciones sexuales vaginales, las duchas vaginales y el uso de cremas, medicamentos, lubricantes o espermicidas dentro de la vagina. También es preferible programar la prueba cuando no exista sangrado menstrual abundante.
Si la menstruación comienza antes de la cita, no es necesario cancelarla sin consultar. El centro de salud puede indicar si la prueba puede hacerse o si conviene cambiar la fecha. Las condiciones de preparación también pueden variar cuando se realizará una prueba molecular del VPH en lugar de una citología convencional.
Antes del examen resulta útil informar al personal de salud si existe embarazo, posibilidad de embarazo, uso reciente de medicamentos vaginales, una cirugía ginecológica previa, antecedentes de resultados anormales o tratamiento por lesiones cervicales.
La frecuencia no debe decidirse únicamente por una recomendación general encontrada en internet. Depende de la edad, el tipo de prueba disponible, los resultados previos, los antecedentes personales y la normativa vigente.
En Costa Rica, la actualización de la norma nacional estableció que las pacientes jóvenes continúen siendo tamizadas mediante citología o Papanicolau, mientras que entre los 30 y 64 años se prioriza la prueba molecular del VPH. Cuando esta prueba de VPH resulta negativa, el intervalo establecido puede llegar a cinco años.
La CCSS informó en marzo de 2026 que la genotipificación del VPH ya forma parte de la oferta institucional, pero que su ampliación a todas las regiones todavía se encuentra en proceso y se espera completar durante el segundo semestre de 2027. Por esa razón, el tipo de examen disponible puede depender temporalmente del área de salud correspondiente.
Las personas con antecedentes de lesiones cervicales, cáncer, infección por VIH, inmunosupresión o resultados anormales pueden necesitar un calendario diferente. En estos casos, la indicación individual del equipo tratante tiene prioridad sobre los intervalos generales.
La vacunación contra el VPH no elimina la necesidad de realizar pruebas de detección. Las vacunas reducen considerablemente el riesgo relacionado con varios tipos del virus, pero no sustituyen el tamizaje cervical recomendado para cada edad y situación clínica.