Dra. Laly Brickler | Ginecóloga y Obstetra en Hospital CIMA
Los miomas uterinos son una de las afecciones ginecológicas más frecuentes en mujeres en edad reproductiva. Aunque muchas veces pasan desapercibidos porque no producen síntomas, en otros casos pueden afectar la calidad de vida al provocar sangrados abundantes, dolor pélvico, presión sobre otros órganos e incluso dificultades para lograr un embarazo.
Recibir un diagnóstico de miomas suele generar preocupación, especialmente cuando se desconoce qué significa tenerlos o si siempre requieren cirugía. La buena noticia es que la mayoría son benignos y existen diferentes alternativas para tratarlos según su tamaño, ubicación, síntomas y los planes reproductivos de cada paciente.
En la consulta de Ginecología es posible evaluar cada caso de forma individual para determinar si basta con realizar controles periódicos o si es recomendable iniciar un tratamiento específico. Un diagnóstico oportuno permite prevenir complicaciones y tomar decisiones informadas sobre la salud femenina.
Los miomas uterinos, también conocidos como fibromas o leiomiomas, son tumores benignos que se desarrollan a partir del tejido muscular del útero. A diferencia de otros tipos de tumores, no se consideran cáncer y el riesgo de que evolucionen hacia una enfermedad maligna es extremadamente bajo.
Pueden aparecer como un solo mioma o presentarse varios al mismo tiempo. Además, su tamaño es muy variable: algunos son tan pequeños que únicamente se detectan mediante un ultrasonido, mientras que otros pueden crecer hasta modificar la forma del útero y generar síntomas importantes.
Su crecimiento suele estar influenciado por las hormonas femeninas, principalmente los estrógenos y la progesterona. Por esta razón son más frecuentes durante la edad fértil y, en muchos casos, disminuyen de tamaño después de la menopausia.
Los miomas uterinos representan una de las principales causas de consulta ginecológica. Diversos estudios muestran que una proporción importante de mujeres desarrollará uno o más miomas a lo largo de su vida, aunque muchas nunca llegarán a saberlo debido a la ausencia de síntomas.
Es común que sean descubiertos durante una revisión ginecológica de rutina o mientras se realiza un ultrasonido ginecológico por otra razón.
Este hallazgo suele generar ansiedad, pero encontrar un mioma no significa automáticamente que exista un problema grave o que sea necesario operar. Lo realmente importante es valorar aspectos como su tamaño, la velocidad de crecimiento, la localización y el impacto que tenga sobre la salud y el bienestar de la paciente.
La ubicación del mioma dentro del útero influye directamente en los síntomas y en el tratamiento recomendado.
El examen suele durar solo unos minutos.
Durante el procedimiento puede sentirse una ligera presión o una pequeña molestia, pero generalmente no produce dolor intenso. La experiencia también depende del estado de relajación de la paciente y de una técnica adecuada por parte del especialista.
Muchas mujeres comentan que el nerviosismo previo resulta mucho mayor que la molestia real del procedimiento.
Son los más frecuentes y crecen dentro de la pared muscular del útero. Conforme aumentan de tamaño pueden provocar menstruaciones abundantes, sensación de presión pélvica y aumento del volumen abdominal.
Se desarrollan hacia el interior de la cavidad uterina. Aunque suelen ser menos comunes, con frecuencia producen sangrado menstrual intenso y pueden interferir con la implantación del embarazo, por lo que requieren una valoración cuidadosa.
Crecen hacia la parte externa del útero. Generalmente ocasionan menos alteraciones en la menstruación, pero cuando alcanzan grandes dimensiones pueden comprimir la vejiga o el intestino y generar molestias.
Están unidos al útero mediante una especie de tallo. En ocasiones pueden torcerse y producir dolor intenso, situación que requiere atención médica inmediata.
Muchas mujeres no presentan ningún síntoma y descubren los miomas durante un control ginecológico. Sin embargo, cuando aparecen manifestaciones clínicas, estas pueden variar considerablemente.
Entre los síntomas más frecuentes destacan:
La intensidad de los síntomas no siempre depende del tamaño del mioma. En ocasiones un mioma pequeño ubicado dentro de la cavidad uterina puede causar más molestias que uno mucho mayor localizado en la superficie externa del útero.
No. De hecho, un porcentaje importante permanece completamente asintomático durante años.
Cuando el mioma no produce molestias, no altera la fertilidad y no presenta un crecimiento acelerado, el ginecólogo puede recomendar únicamente controles periódicos mediante exploración clínica y estudios de imagen.
Esta conducta permite vigilar su evolución sin someter a la paciente a tratamientos innecesarios.